La brecha más peligrosa no es la tecnológica. Es la de liderazgo: muy pocos ejecutivos tienen la capacidad de operar con igual criterio en el tablero estratégico y en la conversación técnica.
Esta brecha tiene un costo enorme. Las decisiones tecnológicas importantes quedan en manos de equipos técnicos que no entienden el negocio, o en manos de ejecutivos que no entienden la tecnología. El resultado es casi siempre el mismo: proyectos que fracasan, inversiones que no generan retorno, y oportunidades que se pierden.